La sesión vespertina del curso de verano de tres días incluyó un interesante panel de discusión sobre «Despertar interior y vida recta: el Dharma como guía para la vida diaria». Moderado por la profesora Rani P L (decana de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales y Lenguas y Literatura, y directora del Campus de Anantapur), el panel reunió a la Sra. Sai Swaroopa Iyer (directora del programa INDICA), la Sra. Sai Geetha M N (directora sénior de Ingeniería de Software de Lowe’s India), la Dra. Lathasree (médica sénior del Hospital General Sri Sathya Sai) y la Sra. Vidyulatha Narayan (gerente de la División de Educación del Condado de East Sussex, Reino Unido).
Basándose en las enseñanzas de Bhagavan Sri Sathya Sai Baba, las ponentes explicaron que el Dharma no es simplemente un código de conducta, sino la expresión misma de la divinidad innata de cada persona. Reiteraron el mensaje de Swami de que la rectitud en el corazón conduce a la paz en el mundo, enfatizando el trikarana shuddhi —la unidad de pensamiento, palabra y acción— como el sello distintivo de una vida noble.
El panel profundizó en diversas dimensiones del Dharma, incluyendo el Swarupa Dharma, la realización de la verdadera naturaleza divina, y el Deha Dharma, la responsabilidad de cuidar el cuerpo y la mente mediante una alimentación, conducta, pensamientos y palabras puros, y una vida equilibrada. Citando ejemplos del Ramayana, el Mahabharata y el Bhagavad Gita, los oradores explicaron que el verdadero Dharma reside en cumplir con los deberes desinteresadamente, con desapego, y ofreciendo cada acción a lo Divino, al tiempo que se defienden los valores humanos universales.
Para concluir el debate, el panel afirmó que el Dharma se convierte, en última instancia, en el fundamento del despertar interior, permitiendo escuchar la voz de la conciencia, purificar la mente y manifestar la divinidad interior. Según señalaron, al convertir el Dharma en la forma de vida natural, la humanidad puede pasar de la transformación individual a la armonía universal y la paz duradera.



